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sábado, 29 de marzo de 2014

Cómo utilizar los cristales

Se ha desarrollado un sistema de procedimientos y técnicas que ayudan a establecer la salud del cuerpo y de la mente. Dicho sistema se basa en la capacidad de los cristales de armonizar el campo energético de los seres vivos hacia los que irradian sus vibraciones. 

Gracias a su peculiar estructura molecular, se dice que los cristales ayudan a reponer, reforzar y equilibrar la energía física y la energía espiritual. En gran medida, la expansión que está alcanzando la gemoterapia en Europa se debe al auge que ha tenido antes en EEUU donde el uso terapéutico de los cristales había pervivido entre las actuales comunidades indígenas herederas de las tribus indias que poblaban las praderas, los desiertos y los montes de aquel país en el momento de la colonización europea.

Personalmente yo utilizo los cristales para ayudar a la meditación, tema que iremos desarrollando en otros post. No obstante existen otras formas de utilizar los cristales, como por ejemplo el curioso método de utilizar los cristales como "Purificadores de Agua": De todos son conocidas las propiedades curativas de las aguas minerales y del uso que de ellas se hace en los balnearios para todo tipo de afecciones. Veamos pues como prepara un elixir de un determinado cristal, como por ejemplo de cuarzo rosa: Hay que llenar un recipiente transparente con agua, colocar dentro el cristal y dejarlos expuesto durante un día entero, primero a los rayos del sol y, por la noche, al influjo de la luna. Durante este proceso, el cristal impregna el agua con su energía, purificándola.


Aura, chakras y cristales

Para comprender de qué manera pueden incidir los cristales en nuestro bienestar físico o emocional debemos referirnos de nuevo a las tradiciones orientales y a su particular modo de entender la salud y la enfermedad, que es en esencia muy distinto al de la sociedad occidental.

Desde tiempos remotos, la medicina oriental ha concebido la salud como un estado integral del individuo, y a éste, a su vez, como un todo energéticos que, para permanecer saludable, debe mantener en armonía sus vibraciones tanto en el plano físicos, como en el mental o emocional. De este modo, cualquier disfunción o enfermedad no es más que un desajuste de este equilibrio energético que afecta a los diversos planos y, en consecuencia, la curación pasa irremediablemente por restablecer el equilibrio al sistema.

Todos los seres vivos irradiamos energía. Ésta forma a nuestro alrededor un campo de luz, el aura, que nuestros sentidos no pueden captar, de la misma forma que tampoco perciben el campo vibratorio de los cristales.


La irradiación de nuestro campo de energía, a menudo afectado por órdenes físicos o psíquicos, busca otro campo de energía para restablecer su equilibrio, algo que fácilmente le pueden proporcionar las armoniosas vibraciones de los cristales. Otra de las vías de acceso al circuito energético del cuerpo humano es el sistema de los chakras. Según antiguos textos indios, en ele interior de nuestro cuerpo las energías discurren por un complejo sistema de meridianos que confluyen en siete vórtices o centros principales. Son los denominados chakras, que en sánscritos significa rueda o espiral, que están ubicados a lo largo de la columna vertebral. Funcionan como centros organizadores para la recepción, asimilación y transmisión de energía vital. Cada una de estas ruedas gira a una determinada frecuencia permitiendo el continuo flujo de energías por los meridianos del cuerpo y, en consecuencia, todas ellas inciden por igual, aunque de forma distinta, en el buen funcionamiento del sistema. Del mismo modo, cada chakra se asocia a determinados órganos o funciones. Sin embargo, la acción del chakra no se limita al ámbito de los físico, sino que también actúan como centros coordinadores de nuestro complicado sistemas cuerpo-mente, formando un complejo sistema unificador que integra lo mental, lo corporal y lo espiritual.

lunes, 24 de marzo de 2014

La meditación

La palabra "meditación" deriva del término griego medonai, que significa literalmente, "habilidad para pensar". Aunque en el lenguaje coloquial se use la expresión "meditar" como sinónimo de "pensar", en realidad tiene un significado mucho más profundo, una concepción más elevada.
Según Vera Stanley Alder, en su libro El hallazgo del tercer ojo, "a través de la meditación el hombre aprende a concentrar y proyectar su atención desde el plano puramente material hacia otras dimensiones superiores, y se esfuerza por trasladar lo que allí aprende de vuelta al mundo físico, donde su cerebro intenta interpretarlo de la mejor manera posible: de este modo está alcanzando el núcleo de las cosas, las causas subyacentes, las verdades primigenias."


El arte de meditar es innato en algunas personas, pero, como otras tantas habilidades, también puede adquirirse con la práctica. La meditación desconecta el pensamiento consciente y hace fluir el "yo" interno a un primer plano, sin trabas ni bloqueos. Es, pues, también un medio de relajación, por el cual el cuerpo se desconecta de todo.

La meditación es un elemento importante para la salud del cuerpo y el equilibrio del espíritu. En cierto modo es como el ayuno periódico que pregonan los naturistas, que limpia y purifica el organismo: la meditación limpia y purifica el espíritu, haciendo que ayune un poco de materialidad.